EL PLACER DE ESPERAR
Con la suavidad y casi con el mismo ritmo que caen los copos durante una nevada, la sociedad de consumo nos pone a prueba lanzando al mercado una parafernalia tecnológica que -sin dudas- facilita y agiliza nuestras tareas de la vida diaria.
Al mismo tiempo, esos copos de nieve, siempre de acuerdo al cristal con que se lo mire, pueden convertirse en el granizo más temible, digno de una instantánea digital, que enloquece a los agricultores y desespera a los automovilistas lanzados a la caza de acciones de "Techo S.A." que, en ese momento registran un alza inusitada.
¿Cómo interpretar esta dicotomía? Si corremos detrás de los infatigables avances tecnológicos por EL SIMPLE HECHO DE TENERLOS pueden convertirse en ese impiadoso granizo causándonos primero un intangible daño psíquico que a corto plazo, se reflejará en nuestros cuerpos.
El otro cristal, bien puede ser aceptar los copos de nieve con la candidez de un estudiante en Bariloche, haciendo muñecos o jugando con esferas de nieve. Tomarnos un tiempo.
Sin lugar a dudas, es la primera de las dos opciones la que obnubila, agobia desenfrena, aturde, "saca" al individuo de su estado natural.
Nunca, como ahora, vi tanta gente insultándose de auto a auto, e incluso amenazándose, arma en mano. Todo a mil. Todo para ayer, incluso cuando no hay motivos aparentes.
Con estos naipes sobre la mesa, aparecemos los pescadores deportivos, Siempre digo que "tengo el bolso preparado", solo debo agacharme para levantarlo e ir adonde me inviten, MIS AMIGOS a disfrutar de una buena jornada en la que la espera juega un papel fundamental Y esta opinión, tiene base científica ya que los terapeutas recomiendan este deporte como un GRAN LIBERADOR DE ENDORFINAS, siendo ésta una sustancia natural altamente beneficiosa para nuestra salud.
Son ocho horas de pasión al acecho, mucho más activas que lo que se cree. Durante ese lapso la VIDA DEL PESCADOR es enfrascarse a la DULCE ESPERA de la presa, nada estática, ya que la sabiduría de los viejos pescadores, nos enseñó a agotar las variantes técnicas que sean necesarias para tener éxito.
Como le agregamos mucho buen humor a todo lo que hacemos, "acordamos" que el verdadero parámetro para decidirse a utilizar anteojos, no es ir al oculista, los COMEZAREMOS A USAR CUANDO NO VEAMOS EL PIQUE CLARAMENTE.
La gran mayoría de los pescadores, se inclina por el pejerrey, ya sea por su presencia en muchísimos cursos de agua, su valor gastronómico o la sutileza de su pique. El desplazamiento de una de las boyas, produce una sensación en el pescador, que solo los que estamos en esta frecuencia, podemos disfrutar.
Mi amigo Enrique Gómez en su libro "Líneas para Pejerrey" incluye a manera de prólogo, esta maravillosa poesía que resume magníficamente el sentimiento del pescador de pejerrey a la hora del pique:
"Advertí a mi alrededor una brusca
Suspensión del tiempo. Una garza
paralizó su vuelo. Quedaron en el
cielo inertes las nubes.
En el agua quieta y oscura de la
laguna, la boya cobraba vida.
Mi cuerpo inmóvil, sin memoria
gozaba inmerso en el momento
nada se movía……… solo eso."
Hace más de treinta años, con la aparición de los primeros "jueguitos" electrónicos y ante el vuelco masivo de niños (y padres) a encapsularse en la novedad, la MARAVILLOSA E IRREPETIBLE REVISTA HUMOR decía que si bien aceptaban el necesario avance tecnológico, no debíamos olvidar de remontar un barrilete o jugar a la pelota.
La pesca SIGUE PRACTICANDOSE DE LA MISMA MANERA INCLUYENDO GRANDES AVANCES EN EL EQUIPAMIENTO. PERO EN ESCENCIA ES LA MISMA.
Sigamos pescando, porque acechan los Alprazolán los Clonazepan y ninguno de nosotros es Superman.
ALBERTO BOERO